La aduana gana peso como instrumento de política económica y geopolítica en un contexto marcado por la reforma del CAU, digitalización, sanciones comerciales y nuevas exigencias medioambientales. Antonio Llobet reclama una aplicación más homogénea de las reglas en Europa, mayor interoperabilidad y seguridad jurídica para que el aumento de controles y obligaciones no lastre la competitividad.

> Los nuevos retos del comercio global es uno de los ejes de debate del próximo Foro Aduanero. ¿Se está entrando en una etapa en la que la aduana deja de ser una cuestión técnica para convertirse en un instrumento de política económica y geopolítica?

Sin duda. La aduana nunca ha sido únicamente una cuestión técnica, pero hoy su dimensión económica y geopolítica es mucho más visible. En la frontera se ejecutan políticas arancelarias, sanciones internacionales, controles sobre productos de doble uso, medidas de seguridad económica y nuevas obligaciones medioambientales. La aduana se ha convertido en un punto de equilibrio entre la facilitación del comercio, la protección del mercado interior y la autonomía estratégica. Esto exige instituciones sólidas y profesionales capaces de traducir decisiones políticas complejas en operaciones seguras y viables.

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